La novela celestial

Subo a un taxi en Avellaneda y Nazca. El taxista me habla del clima y agrega: "Está comprobado que el servicio meteorológico no sirve en la ciudad, por los edificios altos. Sirve para el campo". Cierto, le digo. Es que, de todas formas, la gente quiere saber qué dice el pronóstico, día tras día. Como en las novelas, ya se sabe lo que va a suceder pero igual queremos verlas y si hay sorpresas o giros inesperados siempre se dan dentro de ciertos "paquetes de sorpresas posibles". 

En la novela del pronóstico, lo más extremo, por lo menos en esta ciudad, sería el granizo o una inundación. Los malos o los villanos de la novela celestial serían el granizo, el agua. Los protagonistas, siempre los mismos. ¿No se aburre, la gente, del pronóstico? Ante lo incierto de la vida, el pronostico resulta tranquilizador. De momento, el sol, la lluvia, y las nubes tienen contrato para largo y no hay bajo rating que haga peligrar sus apariciones.


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