Precarización sincronizada en Venezuela y Muñiz

 


Una tortuga marina del asfalto—ciclista con caparazón amarillo de Glovo— se prepara para nadar hacia una ballena blanca —el 132 — que avanza por Venezuela llegando a Muñiz. A primera vista me pregunto por qué el ciclista querría arremeter de lleno contra el bondi, pero después me quedo mirando y en realidad la tortuga marina-repartidor de Glovo tiene todo milimétricamente estudiado. El 132 dobla a la izquierda, ancho, dueño de todo, dejando una estela de ruido y aire, estela a la que el flaco en bici se monta con premeditación en una maniobra precisa de destreza casi olímpica, que es resultado del apuro y la necesidad de que el tiempo rinda, de que el cuerpo rinda. El ciclista-tortuga se zambulle y lo logra, como quien logra montar una ola en el momento justo. Y después ya son uno nadando en la corriente, la ballena seguida de la tortuga.

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